FÚTBOL MÁS

EMERGENCIAS: Refugiados

GOL, EL MANTRA UNIVERSAL DE FÚTBOL MÁS

Cuando Fútbol Más tomó el enfoque socioemocional para sus programas deportivos, abrió una caja de pandora: resulta que las niñas, niños y adolescentes de Chile tienen problemas de afectividad negativa en niveles similares a los niños de países afectados por guerras y hambrunas. Adaptándose a esa realidad, la experiencia de las sesiones de fútbol engendró una metodología que ahora es requerida en cuatro continentes. Lo que se vivió en un comienzo con pobladores de zonas segregadas en Chile, ahora se aplica con refugiados en México, España, Francia, Kenya y Perú. 

Por Juan Rafael de la Fuente

Los Arenales es una población típica del norte de Chile: una pequeña urbanización en suelo desértico de colores cafés, amarillos y naranjas. Pocos árboles, casas pareadas y rucos. Zona de aluviones y marejadas. Se avientan hacia arriba de los cerros pobladores chilenos, colombianos, venezolanos, entre otras nacionalidades. 1700 familias. De fondo el mar y sus quebradas. Su orgullo es el Liceo Politécnico. Su dolor la falta de agua potable y áreas de juego y recreación, con la excepción de la multicancha comunitaria de Los Arenales. 

Hasta allá llegaron los miembros de la Fundación Fútbol Más el año 2011, la mayoría jóvenes entre 25 y 35 años que encontraron como darle un giro a sus carreras para estar cerca de su pasión futbolera. Exploran en base a los primeros pasos de la metodología que los caracteriza: recorrer los barrios, saludar a los vecinos, conversar con tiempo y calma, averiguar los espacios de juego, entender la relación de la gente con carabineros y el municipio. Hay que visualizar el barrio, identificar sus problemas más graves y sus sectores más favorables para realizar lo que para el común sería otro taller de fútbol. Informan por redes sociales, canales municipales y utilizando el viejo puerta a puerta: 

– “Buenos días, ¿cómo está?, le cuento que somos de la Fundación Fútbol Más y estamos implementando talleres de fútbol para niñas y niños en la multicancha de la esquina”. 

En principio no es necesario entrar a detallar que son sesiones sociodeportivas, sino que simplemente se busca ofrecer un lugar seguro para que los niños jueguen de manera gratuita. De a poco el barrio se va enterando y van corriendo los mensajes, hasta que se empieza a llenar la cancha. Niños y niñas realizan juntos los calentamientos, elongaciones y trabajos con balón.

La realidad que se reveló en Los Arenales tenía características similares al resto de las 20 localidades intervenidas por la fundación en ese momento, sobre todo en un aspecto especial, en un flagelo que tiene al país en la mira de expertos y organizaciones internacionales que no logran explicarse qué está pasando en Chile: la salud mental de la infancia. Un tema que se ha estudiado por años y que parece inmune al avance de las generaciones. Para graficar esto, en 2011 se publicó un estudio  que juntó a universidades e investigadores de 24 países como Dinamarca, España, Alemania, Perú, Francia, Chile, entre otros, para evaluar a niños de 1 a 5 años, centrándose principalmente en patologías derivadas de la salud mental (depresión, agresión, trastornos del sueño, angustia, entre otras), donde lamentablemente nuestro país figuró entre los países con la tasa más alta de todos los problemas de salud mental. Leyó bien, en todos Chile figuró como el peor. 

Con el objetivo de verificar la repetición de datos durante el tiempo, el estudio se volvió a realizar durante el año 2013 con 15 países, y Chile alcanzó la quinta posición, manteniéndose en un estado crítico, superado solo por Rumania, Irán, Lituania y Kosovo . Otro estudio, pero de 2016, analizó a Corea, Polonia, Estados Unidos y Chile  y nuevamente nuestro país llevó la delantera en relación a la afectividad negativa, miedo, disconformidad con el estilo de vida, timidez, infelicidad y depresión.  Finalmente, en el año 2019, otra investigación reunió a 14 países y Chile apareció entre las naciones donde predomina un tipo de crianza asociada a problemas de salud mental. Expertos chilenos como Felipe Lecannelier, Pía Santelices o Rodrigo Rojas-Andrade llevan décadas investigando y publicando artículos sobre esta situación, advirtiendo la prevalencia de los menores y su dificultad para verbalizar su estrés y sus problemas.

Así entran a la cancha. Llegan los peleados con las mamás, los internalizados que no hablan y se esconden, los que viven en entornos agresivos y la llevan a flor de piel. Lo bueno es que a medida que la pelota va rodando parece hipnotizar a quien esté cerca y todos comienzan a ir tras ella o a pedir ¡¡PASE!! Y, ¿cómo no? Si se ha visto por un siglo como un deporte que con suerte necesita un cuero inflado se ha transformado en la actividad universal por excelencia y que las canchas donde se juega se convierten en escenarios donde se subliman las pulsiones más básicas de los seres humanos. 

Cuando aparecen comportamientos que dañan al grupo, se tratan de manera comprensiva. Fútbol Más no usa tarjetas amarillas ni rojas, pensadas en la lógica del castigo. En las sesiones sociodeportivas se saca la Tarjeta Verde, que, por el contrario, se usa como refuerzo positivo por una buena jugada, por ayudar al compañero, llevar una fruta al entrenamiento, llegar con la abuela o con un niño nuevo. Se le muestra a todos los niños cuando tienen una actitud positiva o se comprometen deportivamente. Se hace un esfuerzo para que todos sean reconocidos.

Cuando se produce la magia del gol, que es un hecho de especial atención porque pocos eventos en la vida de una persona -y sobre todo de un menor- le entregan algo parecido, se abre otro espacio de estimulación: la creatividad. En Fútbol Más si los goles no se celebran, no cuentan. Esto quiere decir que si el ‘profe’ no detecta que los niños y niñas tienen algo preparado, puede anularlo. Esto los desafía a organizarse con anterioridad y tener a disposición diferentes formas de gritar un gol bajo la manga. Los que han estado ahí lo saben, un gol en la cancha te deja marcando goles en todos los aspectos de la vida. Eso sí, a 15 años de la primera celebración creativa de gol, los profes intentan que niñas y niños presenten algo diferente al ‘SIUU’ de Cristiano Ronaldo. 

Al final de las clases, se forma un círculo y los pequeños se pueden poner Tarjetas Verdes entre sí, realizan el ejercicio de reconocer al otro, decir algo positivo, sin más, sin esperar nada a cambio: 

– “el Jhordy hizo un golazo y por eso le pongo Tarjeta Verde”. 

– “La Yeni es buena amiga y esta Tarjeta Verde es para ella”. 

Con este ejercicio las niñas y niños adquieren varias costumbres. Por un lado, integran la idea de que su valor no depende de factores fuera de su alcance como su origen o nacionalidad, son considerados por actitudes y comportamientos. Por otro, adquieren el hábito de reconocer cosas buenas en sus pares y sus comunidades, comienzan a entender dónde están parados, quiénes son y cómo se comportan las personas que constituyen su entorno. Y en tercer lugar, pero no menos importante, escuchando a sus tutores y compañeros desarrollan el vocabulario para expresar sus sentimientos. Eso lleva en el futuro a tener mucha más claridad de lo que sienten. La posibilidad de expresarse les enseña a entenderse a sí mismos y a los demás. Finalmente, eso ayuda a la autorregulación emocional y a la salud mental .

La niña o el niño que recibe más tarjetas verdes, se convierte en el capitán del equipo; y en el caso de la multicancha de Los Arenales en Antofagasta, esa posición se la disputaban Jhordy y Anderson. Jhordy era un niño muy bueno para el fútbol y Anderson tenía una rara enfermedad que por años lo aisló de otros. El fuerte de Jhordy era su increíble talento con la pelota. El fuerte de Anderson, su capacidad de reconocer lo bueno en los demás. Gracias a su liderazgo el equipo clasificó para jugar en Santiago las finales nacionales de las ligas que Fútbol Más organiza entre todos los barrios en los que están presentes. En septiembre de 2014, Jhordy y Anderson, junto a otros siete niños entre ocho y once años viajaron en avión por primera vez con un apoderado; y deslumbraron cuando entraron a las canchas de la ANFP en Quilín 5635. Sobretodo uno que jugaba con la pelota pegada el pie, gambeteando alegre a cualquiera. Rápido y goleador, Jhordy Thompson y sus compañeros llevaron a Los Arenales al título. Al regreso, en la multicancha del barrio, fueron recibidos como héroes

No se ha medido longitudinalmente el efecto de las sesiones de fútbol en los niños, pero no es difícil darse cuenta del increíble buen rato que pasan ellos y sus familias en las actividades de Fútbol Más. Hacen un montón de amigos y amigas y nadie les hace bullying como en otros espacios. Recomiendo ingresar a YouTube a ver testimonios; o directamente visitar alguno de los trabajos que hacen en las zonas segregadas del país, si es que el lector tiene interés en llevar estas transformaciones a su comuna. Un buen indicador de la gran recepción y el impacto de la metodología es su propio crecimiento: pasaron de estar presentes en no más de 25 barrios en Chile en 2012, a intervenir 203 lugares en cuatro continentes para 2022, recibiendo el apoyo de organizaciones internacionales como ACNUR, UNICEF y UEFA. Uno de los países con peor salud mental en la infancia, fue el escenario perfecto para crear una fórmula que puede ayudar a niños de cualquier lugar. Fútbol Más tomó el siguiente gran desafío: Llevar la Tarjeta Verde y el resto de la metodología a otras partes del mundo. 

 

Un aporte del sur para los refugiados del mundo

 

Ecuador el 2013, Haití un año después y Perú el 2015 fueron las primeras incursiones de Fútbol Más fuera de Chile. Aunque dentro de Latinoamérica, el primer desafío mayor con refugiados fue en México, a raíz de la caravana masiva de cerca de cinco mil migrantes que en octubre de 2018 juntó corrientes de países latinos hacia Estados Unidos. Según los datos del Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados (ACNUR), cerca de dos mil de ellos eran menores de edad. Para ellos, UNICEF le encargó a Fundación Fútbol Más la realización de sesiones sociodeportivas y actividades dirigidas tanto a jóvenes como a familias en las fronteras sur y norte. Se requería trabajar la regulación emocional y el trauma del desplazamiento forzoso, donde además, se generan secuelas por discriminación racial. 

La experiencia con los niños de Chile era un buen acercamiento, sin embargo, muchas veces la realidad de las caravanas superaba las expectativas del dolor y los traumas que se pueden adquirir en el camino hacia el norte. No es intención de este reportaje representar adecuadamente lo que viven las familias que cruzan un continente entero para muchas veces ser rechazados en la frontera de Estados Unidos, que por lo demás, llegan hasta ahí después de atravesar lugares como el Tapón de Darién, zona selvática y pantanosa de la frontera entre Panamá y Colombia, conocida por el tráfico ilegal de migrantes, donde las caravanas de personas pasan diez días introducidos en una de las selvas más frondosas del mundo, prácticamente sin ley, y donde se cometen los crímenes más graves conocidos por la humanidad . 

Adaptarse a ese desafío fue una gran tarea para la -ya internacional- Fundación Fútbol Más, que abrió filial en México con la confianza de lo aprendido en estas tierras. Para estos casos, con la diligencia y base científica que la caracteriza, la fundación creó una metodología especial para refugiados. En ella se promueve la inclusión, el respeto entre etnias y naciones. En el lenguaje de las sesiones, a través sobre todo de la Tarjeta Verde, se busca tomar los significantes del valor humano enraizados en la raza, la nacionalidad y/o la religión, y traspasarlo a lo mostrado en la cancha, al comportamiento con las y los compañeros. 

De pronto, un niño que por meses solo ha sido juzgado por su nacionalidad y su etnia, es valorado por otra cosa. Su valor ya no tiene origen en dónde nació ni qué aspecto tiene, sino en cuán fuerte pateó la pelota, con qué gracia celebró los goles de su equipo, si fue generoso en dar un pase a sus compañeras, si compartió con el resto sus sentimientos o si fue capaz de reconocer la bondad en sus nuevos amigos. La Tarjeta Verde llegó a Chiapas, Sonora, Chihuahua y Baja California, cuatro puntos de importante flujo migratorio. Luego a Tapachula y Tijuana. Cerca 1700 niñas y niños fueron beneficiados.

El trabajo con la infancia de las caravanas suele ser por pocos días, pues la fundación se emplaza en espacios para refugiados donde las familias pasan y se van, pues están en ruta. Es difícil hacer un trabajo a largo plazo. Donde sí se puede hacer, es donde Fútbol Más encontró su tarea más lejana: los campamentos de refugiados en Dadaab y Kakuma, en Kenia.

Dadaab es un asentamiento semiárido en el condado de Garissa, Kenia. Es el lugar donde se asienta una gran base de ACNUR, que aloja a cerca de 330 mil personas en cinco campos desde octubre de 2015, convirtiéndolo en el mayor complejo de campos de refugiados del mundo. Su población está compuesta principalmente de refugiados somalíes que huyen de la guerra civil que vive ese país. Kakuma, por otro lado, es una localidad de Kenia perteneciente al condado de Turkana. Tiene cerca de 80 mil habitantes. Por estas latitudes el reto es diferente. A diferencia de las caravanas en México, estos campamentos son zonas de llegada de los refugiados, donde permanecen años y algunos nunca salen. Los síntomas de los niños y niñas que llegan hasta aquí se repiten. Las consecuencias del desplazamiento, las guerras y la cultura de la segregación. 

El hecho de que para muchos este es el destino final de sus viajes migratorios, permite la aplicación de otro de los programas de Fútbol Más nacidos en Chile pero exportados y adaptados a la realidad de otros países: la Transferencia Metodológica, cuyo foco es implementar programas de formación que capacita a jóvenes líderes y lideresas para que se involucren en el trabajo con niñas y niños que necesitan apoyo. A través de herramientas de micro-learning y acompañamiento remoto, los participantes aprenden el paradigma de la Resiliencia aplicada al deporte y la metodología sociodeportiva que implementa Fútbol Más. Esa experiencia luego se adapta y aplica en diferentes contextos como escuelas, albergues, residencias o clubes deportivos. Así se han formado en Kenia alrededor de 50 líderes jóvenes que hacen un programa para 2500 niños, niñas y adolescentes. La idea es que la metodología del enfoque socioemocional de la fundación permanezca una vez que la fundación se vaya, que quede inserto en la cultura de las comunidades y no dependan de terceros para implementarlas.

Las mismas consignas resuenan en Sevilla, España, donde la iniciativa Deporte por Refugio unió a la fundación del Real Betis Balompié de la primera división española, la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR) y a Fútbol Más. 200 menores en calidad de refugiados están participando en las sesiones de Deporte para el Desarrollo. Por este lado el foco es que los niños y niñas que son parte del programa logren reconocerse como sujetos de derecho y puedan desenvolverse de manera libre y segura en torno a uno de sus derechos fundamentales que es el jugar, libres de discriminación y segregación. Asimismo, en París, Francia, donde el programa de Fútbol Más, apoyado por la Olympic Refuge Foundation (ORF), el Ministerio de Deportes de Francia y ACNUR tiene como objetivo ayudar a los refugiados y desplazados de la región de Île-de-France a crear un sentimiento de pertenencia. 

 

El fútbol puede transformar la realidad

 

El motor principal de estos movimientos con refugiados en el mundo es la creencia de que la felicidad se entrena. Con factores protectores, con buenos tratos, con refuerzos positivos, con constancia, con coherencia y desde el vínculo, se empiezan a revertir factores de riesgo como el abandono y el maltrato. La propuesta es darle a la infancia y adolescencia un grupo de pertenencia que te llame por tu nombre, que te mire a los ojos, que reconozca las cosas buenas. Que sea coherente en el tiempo. 

Fútbol Más busca convertir su metodología en política pública. Que todos los niños y niñas de Chile y el mundo pasen por alguna experiencia deportiva, aprovechando que las metodologías construidas desde el terreno han sido validadas como estrategia de intervención social por Naciones Unidas. Buscan restablecer los derechos vulnerados de las niñas, niños y jóvenes afectados por distintas crisis humanitarias, llevar sesiones deportivas a espacios de inclusión en comunidades, albergues y escuelas, promoviendo el intercambio de culturas y la formación de tutores, para que se transformen en embajadores de Fútbol Más en sus barrios, comunidades y el resto del mundo.

No sería preciso decir que la vida de todos los impactados por la fundación mejora. Hay muchos niños que crecen, se convierten en adolescentes y sus caminos parecen trazados por las consecuencias de los problemas de afectividad negativa. Sin embargo, al asistir a las sesiones o torneos, es fácil darse cuenta que son un montón de niños pasándolo bien; y si le hacemos caso a los expertos, con eso ya basta para considerarlo un tesoro. Y los que fueran niñas y niños beneficiarios, que con el tiempo crecieron y se transformaron en coordinadores, son pruebas vivas de eso. En Kenia, por ejemplo, muchos de los jóvenes que pasan por los programas de transferencia metodológica encuentran en eso su primer trabajo, les empiezan a pagar por clase planificada, tienen horarios, entregan un producto, después de tres meses ya no son los mismos respecto a su comunidad, crece su autoestima y su interés por estudiar y crecer.  

Jhordy, de Los Arenales, siete años después de ser campeón con Fútbol Más, haría su debut como jugador profesional en Colo-Colo, ya asentado en Santiago y con un futuro deportivo muy prometedor. Lleva en el recuerdo a Anderson, su compañero en Los Arenales, que a pocos años de la gloria en Santiago falleció por la enfermedad que acarreaba desde entonces. Su papá, previo al funeral, vistió a su hijo con el uniforme de fútbol y puso en su brazo izquierdo la jineta de capitán. Según contó, lo hizo porque la época de Fútbol Más en la multicancha de Los Arenales había sido la más alegre de su vida.

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