Opinión: ¿Qué está pasando con la infancia?

Por Katherine Correa Ulloa
Coordinadora Regional Fundación Fútbol Más

 

En el último tiempo hemos sido testigos de diferentes situaciones que nos han llevado a retomar la temática de vulneración de derechos de niñas, niños y adolescentes, pero ¿qué significa eso realmente? Según la Defensoría de la Niñez de Chile una vulneración corresponde a una transgresión a los derechos de niñas, niños y adolescentes establecidos en la Convención de los Derechos del Niño, la cual puede, o no, ser constitutiva de delito, dependiendo de nuestra legislación. Sin embargo, a pesar de aquello, cualquier vulneración de derechos es considerada grave, por lo tanto, todos los Estados deben realizar acciones destinadas a prevenirlas y a entregar mecanismos de su restitución.

Y pareciera ser sencillo identificar cuándo los derechos están siendo quebrantados, pero ¿realmente lo consideramos? ¿Durante la pandemia del COVID-19 hemos logrado visibilizar la vulneración de derechos de las y los estudiantes? ¿Durante las migraciones en América Latina? ¿En las recientes muertes de niñas y niños?

Suele ser común calificar como vulneración al trabajo infantil, maltratos extremos y abusos sexuales, pero somos incapaces de reconocer faltas en educación, identidad, acceso a espacios de recreación y mucho más. En nuestro país contamos con variados indicadores, sobre maltrato, por ejemplo, en 2018 UNICEF Chile arrojaba que al menos el 71% de las niñas y niños reconocía haber sido víctima violencia física o psicológica por parte de sus padres, madres o cuidadores/as.

Sin embargo, como bien lo define la Defensoría de la Niñez, “cualquier vulneración de derechos es considerada grave”, no solo el maltrato físico y la muerte. Por lo tanto, mientras antes identifiquemos las prácticas irruptoras, antes evitaremos las situaciones que hoy lamentamos profundamente. La última semana el país ha seguido con detención uno de los casos más terribles del último tiempo en la Región del Biobío. La repercusión que este toma es también responsabilidad de todos y todas, los medios de comunicación y las redes sociales no hacen más que aumentar el morbo ante una situación tan lamentable, ¿por qué desde nuestra posición de adultez creemos que tenemos algún tipo de superioridad por sobre la niñez?

La primera medida para encarar situaciones de este tipo es entender la calidad de autonomía progresiva de niñas, niños y adolescentes. Suyo es el protagonismo conjunto a su desarrollo físico y mental, el mundo adulto no es el centro, solo es un co-garante en sus derechos y desde esta posición no existe razón alguna por la cual un adulto pueda transgredir las libertades de una niña, un niño o un adolescente.

 

 

 

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